La noche bocarriba
La gota de la ducha se deja caer sobre el piso. Pesada. Plaf.
La gota de la ducha se deja caer sobre el piso. Otra vez. Plaf.
La gota de la ducha se deja caer sobre el piso. Eternamente. Plaf.
Estoy desnudo. La oscuridad lucha un poco contra esa luz lechosa que se filtra por mi ventana; un azul acuoso que me regala fantasmas de sombras que se desvanecen de mis ojos con cada gota suicida del grifo. Plaf.
Estoy desnudo. B olor de la humedad y el de mi sudor me invaden un poco los sueños, y entonces sueño con el mar o una rubia de costumbres elásticas o un mar de rubias o una isla de piel en un mar de sudor y sangre. Pero la gota me lo arranca de los ojos y me tira un poco hacia el otro lado, hacia la realidad, hacia la ausencia. Plaf.
Estoy desnudo. Tratando de aferrarme al término de mis pesadillas, apretando un poco los dientes y hundiéndome en una cobija interminable de extraños laberintos para el tacto.
Pero la gota cae y sólo soy un oído gigantesco traspasado por el suicidio repetitivo, por el tormento interminable. Plaf.
Al final sueño que yo soy la gota. Que por algún fenómeno que no intento comprender me convierto en gota colgando de la boca del tubo. Y me aferró con mis débiles manos de agua. Pero me escurro, hago imposibles movimientos, desafío a la física, todo es inútil.
Una fuerza de mil siglos me tanza sobre el piso; me entrego entonces al aire frío de la noche que me devuelve mi forma en el segundo interminable de la fuga contra el baldosín. Antes de morir en el lago de cadáveres de mis iguales, me disculpo en silencio con el pobre hombre que no dejaré dormir, al que le arrebataré los sueños, al que torturo cada minuto de esta noche bocarriba. Plaf.
Publicado el febrero 26, 2011 en Textos y etiquetado en Textos. Guarda el enlace permanente. Dejar un comentario.

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